De los carteles al microtrafico y al consumo interno

DE LOS CARTELES AL MICROTRAFICO Y AL CONSUMO INTERNO

Bogotá, 30 de noviembre (Télam, por Daniel Casas, enviado especial). Desde la irrupción de México en el mercado mundial de drogas, el narcotráfico colombiano perdió peso internacional pero sigue manteniendo una influencia decisiva en el conflicto de este país, ya que los carteles que manejaban el negocio se atomizaron en cientos de grupos de microtraficantes con métodos igualmente violentos, pero volcados al mercado interno.

La exportación de cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos comenzó en los años 70, realizada en principio por contrabandistas de Antioquia, a los que se sumaron otros del Valle del Cauca.

En 1974 comenzaron a conformarse los que serían los grandes carteles de los años 80 y 90. Seis grandes organizaciones de tráfico de drogas (OTD) que abarcaron prácticamente todo el país, según señala el libro "Los jinetes de la cocaína", citado por el ensayo "Cuatro décadas de guerra contra las drogas ilícitas: un balance costo-beneficio", de César Páez.

Se calcula que los carteles de Medellín (liderado por Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Jorge Luis, Juan David y Fabio Ochoa Vásquez) y Cali (José Santacruz Londoño, Víctor Patiño Fómeque y los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela) controlaron durante esas dos décadas 70 por ciento de la cocaína que salía desde Colombia hacia Estados Unidos.

Los otros carteles eran: Norte del Valle (hermanos Henao, Iván Urdinola Grajales, el mismo Patiño Fómeque y Juan Carlos Ramírez Abadía); Armenia-Pereira (Lehder Rivas); Costa Caribe (Jesús Mejía Romero, hermanos Lucas y Jorge Darío Gómez Van Grieken, José Rafael Abello Silva y Miguel Pinedo Barros), y Leticia (Camilo y Wilson Rivera).

Los narcotraficantes controlaban casi todo el circuito. Traían la pasta de coca desde Perú y Bolivia, la procesaban en laboratorios clandestinos de Colombia y transportaban el clorhidrato de cocaína a través del Caribe, Centroamérica y México hasta Estados Unidos y Europa, donde también eran parte de la distribución y venta al por menor.

Hacia mediados de los años 90, la mayor parte de los capos fue muerta o encarcelada por las autoridades colombianas con la cooperación de las estadounidenses. Las grandes estructuras quedaron acéfalas y los carteles se atomizaron en organizaciones más pequeñas, "traquetos", que se volcaron con más fuerza al mercado interno. Durante esta etapa se registró un aumento considerable del cultivo de coca en Colombia.

Se combinaron para este cambio que los traquetos no tenían la capacidad logística de sus antecesores para traer la pasta base desde Perú y Bolivia, mayores controles de las rutas de tráfico y una caída del precio en las zonas de cultivo peruanas por la aparición de un hongo que atacó al arbusto de coca, según la Oficina de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen (UNODCCP, en inglés).

El control del proceso pasó entonces de los carteles colombianos a los mexicanos, con el consiguiente incremento de la violencia en ese país.

Los traquetos se comenzaron a conformar a fines de los `90 con las estructuras locales de los carteles, pero también con personas de los grupos paramilitares, algunos de los cuales habían sido formados por los grandes capos, como Escobar, para defenderse de la guerrilla.

Esas autodefensas paramilitares, que solían actuar en conjunto con el Estado, se volcaron con más intensidad a las organizaciones delictivas vinculadas al comercio de drogas y otros delitos a partir del proceso de paz iniciado por el gobierno de Álvaro Uribe (2002-10), que derivó en la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Mantuvieron el dominio de sus regiones pero cambiaron de objetivos.

El narcotráfico también fue una fuente de financiamiento de las guerrillas, en particular de las FARC. Primero con el cobro de impuestos o "peaje" a los productores de coca de las regiones que dominaban, y luego con un involucramiento más directo en el proceso de cultivo, elaboración y tráfico, según coinciden todas las fuentes oficiales y no oficiales consultadas por Télam.

Como resultante de este proceso, en Colombia se está consumiendo una cantidad de cocaína 130 por ciento superior al promedio mundial, según datos de una encuesta nacional sobre consumo de drogas que las Naciones Unidas le entregaron al gobierno colombiano en 2012. Esto significa que cuatro millones de colombianos han usado estupefacientes por lo menos una vez en su vida.

La encuesta, presentada por el ministro del Interior, Fabio Valencia, indica que los estratos socioeconómicos 4, 5 y 6 (los más altos) son los que más consumen estupefacientes como la cocaína, la marihuana y el éxtasis, mientras el "basuco", un residuo equivalente al "paco", tiene sus mayores consumidores en el estrato uno.

Estos datos agregan al problema de la droga un incremento del problema social vinculado a las adicciones, en particular en una sociedad que ha naturalizado la violencia hasta hacerla un elemento más de la vida cotidiana.

Si bien las negociaciones de paz que se realizan en La Habana contemplan en el punto 4 de la agenda la "solución al problema de las drogas ilícitas", el tema parece ausente, o al menos relegado, en casi todos los análisis relacionados con la solución del conflicto colombiano. (Télam)

dc-ajl-rl 30/11/2013 14:24

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